lunes, 12 de junio de 2017

Miedo y pánico

Silenciosamente, seguí tu consejo velado, y me dispuse a ver aquel drama francés, llorando cuando correspondía llorar, riendo cuando correspondía reír. Se convirtió en mi película favorita. La vi tres veces más durante aquel año. Y en todas las ocasiones pensaba en que en todas ellas podría haber sido algo distinto. Podría haber seguido llorando durante todo el film, identificándome con el protagonista. Podría haber fingido ser el fantasma que le acompaña, y haber volado lejos, etérea, lo suficiente como para que no me alcanzasen tus brazos. Pero me quedé viéndola, mientras la luz de la pantalla iluminaba mis facciones. Porque, sin querer admitirlo, me paralizaba el miedo. Me agarrotaba los músculos, y turbaba mis impulsos que me harían poder decirte que vi ese drama, porque eso implicaría empezar una historia que me da pánico acabar. Y seguí viendo la película. 

lunes, 27 de marzo de 2017

Ojalá tú y yo no siendo sólo pronombres. Ojalá cumpliéndose las expectativas, ojalá formando parte de la acción. Ojalá tomar parte y formar algo. Algo maravilloso, algo nuevo.
Es duro tenerte cerca, interactuar contigo y tocarte y saber que no sientes lo mismo. Que el tiempo pasa, y que será tarde cuando te des cuenta de que podríamos haber sido algo si no fuésemos quienes somos. Si no viviésemos lo que vivimos.
Saber que te vas, que nos separamos, que ni lo que seríamos podría llegar a ser, puede parecer un consuelo. También parece un consuelo saber que al final acabaré por verte y no sentir nada más allá de la amistad.
Cruzo los dedos porque pase el tiempo.

domingo, 24 de julio de 2016

The greatest expectations.

Buenos días chicos, chicas, gente en general. Viendo mi última entrada, me acordé del tema de las películas y que son una distorsión de la realidad muy basta, casi brutal. 
No sé si habréis oído que la pornografía ha arruinado el sexo cotidiano. Los chicos y chicas que crecen y se exitan con la pornografía cuando están con una pareja y van a hacerlo, pueden llegar a no exitarse porque lo que se muestra en el corto pornográfico no llega a parecerse a las situaciones que de verdad se dan entre dos personas en una cama. Bueno, pues sucede también día a día con el amor, el enamoramiento, como queráis llamarlo. "To fall in love with someone" puede llegar a ser problemático para muchos, ya que las expectativas que uno puede llegar a tener ante un hecho concreto que incluya romanticismo (aunque obviamente el concepto original de Romanticismo se ha convertido desde el encanto por lo feo, lo horroroso, lo grotesco, por lo rosita, lo empalagoso y lo ñoño) no se cumplan. Por ejemplo, y habla mi voz de la experiencia, un beso bajo la lluvia, abrazarse debajo del agua en una piscina o merendar juntos pueden quedarse muy lejos de lo que se "supone" que debería ser. 
Sí, ya lo sé, sueno completamente despechada y odiosa por lo que he vivido. Pero os equivocáis. No digo que el romanticismo no deba existir, ni que todo sea una falsa ni que no pueda ocurrir. Lo que digo es que fallamos nosotros, nos muestran algo que es completamente ficción y luego queremos hacer que sea verdad. Ojalá alguien os haga sentir que todo lo que es ficción de algún modo puede llegar a ser verdad, ojalá. 
Quizás lo único que hace falta es cerrar los ojos y no ver más películas ñoñas. Quizás. 

PD: cabe añadir que, aunque intentemos huir de toda esta utopía, siempre nos rodeará de una forma u otra. Música, libros, chusmerías que nos cuentan amigos sobre otras parejas, etc. C'est la vie. 

domingo, 28 de febrero de 2016

El amor y otras películas.

Hoy me ha sucedido algo curioso; mientras intentaba eludir de alguna forma el tener que estudiar, bajé al salón y me encontré con la película de (The Amazing) Spiderman, pero no la común y la típica de toda la vida en la que Mary Jane es pelirroja y Peter Parker es un chico tímido y sin carácter. No, en esta versión Mary Jane se llama Gwen y  es una rubia estudiante de química y Peter Parker es un actor delgaducho que pretende parecer atractivo y que tiene que luchar contra un lagarto gigante y mutante. Dejando de lado que es una película de ficción bastante pobre, me quería centrar en la historia de amor. Gwen y Peter se enamoran, comienzan a salir, es todo súper bonito y maravilloso. Luego, me llaman la atención escenas como que Peter se cuela por la ventana de la habitación de la chica a escondidas, o que ella le cura heridas del pecho después de que el lagarto mutante le hubiese arañado y que él la incitase a "pasar a la siguiente base" mientras estaba medio desnudo o que él le insistiese en huir de ahí (hay que decir que se la llevó en volandas colgando de un hilo que imita a la tela de araña así que no hay mucha comparación con la realidad pero bueno...). Luego su hermosa relación tiene que romperse porque el padre de la chica muere cuando el lagarto lo atraviesa con sus afiladas garras y el herido de muerte le hace prometer al chaval que se alejará de su hija. 

Bien, vale. Bonito todo. 

...No. 

Vamos a ver. Si mi padre, mi madre o quien fuere que viva en mi casa entrase a mi cuarto y me encontrase con un chaval que ni conocen que ha entrado por mi ventana, la tapiaban no sin antes llamar a la policía. Eso primero. Por otro lado, no sé, es como todo demasiado tirado de los pelos. Simplemente pensadlo: sois una chica de 17 años que se lía con un guaperas flacucho a lo crepúsculo que resulta que tiene superpoderes (de araña) y que además es buscado por tu padre, policía, quien muere en manos de un ser mutante y que luego el chico se aleje de ti porque es su responsabilidad limpiar las calles de Nueva York de los malhechores y encontrar al asesino de su tío. ... 
Creo que por culpa de estas películas tan cutres que meten demasiado presupuesto en añadir 3D y se olvidan de lo que es un buen argumento acaban las niñas de 12-18 años con fantasías estúpidas en la cabeza. De verdad, es patético. 

lunes, 4 de enero de 2016

Creciendo.

Hay varias cosas de mí misma de las que me puedo sentir orgullosa. Y esas cosas no me hacen sentirme pagada de mí misma o especial, simplemente me dan fuerza para seguir adelante. Hace cuatro meses decidí deshacerme de mis cuentas de redes sociales como Facebook o Twitter, ya que ocupaban mi tiempo y no me lo devolvían, por lo que el tiempo que les dedicaba a ellos no se lo daba a otra cosa, como un hobby, mi pareja o el estudio. Al quitarme de esa red, al desengancharme de ella quedé incomunicada de las noticias que corren como la pólvora entre tweet y retweet o publicación y comentario. Tras esa temporada sin información aparente (pues realmente de lo importante me acabo enterando de una forma u otra) vuelvo espasmódicamente, y compruebo con orgullo que me he desapegado de toda la tontería que ronda libremente y sin freno. Si no es uno que critica al otro por ser ignorante creyéndose sabio, es otra que comenta su vida entera como si a alguien le importase lo que hace o deja de hacer la pobre cría. Fotos obscenas y fuera de contexto, risas tontas, macabras o verdes, mensajes sin sentido o con demasiado sentido, pero que no llegan al destinatario que se desea, pues mientras el mensaje tan personal que creías haber mandado de forma indirecta a aquella persona ha sido manoseado por nosecuantas personas en el proceso. Eso no es privacidad, no es intimidad, no es nada. Saber que no pertenezco a esa burbuja en la que están metidos las personas que visitan usualmente la red social y que no se dan cuenta de que es (y con perdón de la expresión) una nube de pedos circulante que simplemente te intoxica y no te deja ver, anulando por completo los receptores de información primordiales del instinto. Nos adormece, nos hace laxos, casi volátiles ante la alarma de la inacción, la vagueza, la risa tonta y los pensamientos petulantes de alguno que simula ser poeta.
Abrid los ojos, quitad de un manotazo aquello que os ciega, os marea y desconcierta.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Ojalá no.

¿Sabéis? Todos tenemos un superpoder de mierda. Ese supepoder que más que ayudar, jode tu existencia. Y ¿sabéis otra cosa? Mi superpoder de mierda es decir lo que no debo y malinterpretar lo demás. Como os podéis imaginar, acabo haciendo daño a mucha gente que no debería. Es decir, maldita sea, digo lo que no debo cuando no debo. Mi día va de culo y sin frenos, pues empezar a las cinco de la mañana no le gusta a nadie, pero menos si sabes que vas a ver a una persona que no te gusta en absoluto, y en mi caso es la gran figura de mi padre. Tras esperar tres horas sometida al frío y a la falta de luz, por fin puedo ir al instituto. Después de llegar con una mochila de cinco kilos colgando de mi muy dolorida espalda, tengo que soportar cuatro tortuosas horas luchando contra el sueño y las micronésimas de segundo en las que me puedo permitir dormir. Y si añadimos a todo este desastroso día que mi superpoder de mierda ha hecho acto de presencia... Directamente, destruidme. Hacedme añicos, o algo. Así, al menos, hecha polvo, podré dormir. Y olvidarme de todo un poco.

Todo esto viene para deciros que si tenéis alguien a vuestro lado que evita que os hundáis, protegedlo, con todas vuestras fuerzas, y sed recíprocos. No sabemos cuánto podemos aguantar, ni cuánto puede aguantar el otro, pero todos tenemos un límite. Algunos lloran, como yo, durante horas. Otros se encierran en una burbuja de la que no salen hasta que se aseguran que el veneno que puedan destilar por su boca esté bien guardado con la bilis. Otros supongo que pelearán, ya sea contra sí mismos o contra otros. No lo sé, pues no es mi caso. Pero lo que sí sé es que todos tenemos un límite. Imaginaos que una tela de araña pudiese soportar un elefante (qué telaraña más resistente). La misma telaraña, con el mamotreto enorme que supone el elefante va relativamente bien, pero imagina que añadimos dos. Uf, pero puede, la telaraña resiste. Y añadimos un tercero. Y un cuarto. ...
La telaraña se rompe, se deshilacha y acaba desperdigada, y los elefantes amontonados en el suelo. Todos tenemos nuestra telaraña. A algunos se les romperá cuando lleven puestos tres gatos y un saltamontes, a otros cuando pongas el peso de una hormiga en ella... Dicen que yo aguanto el peso de tres elefantes. Y temo que la mía, con un cuarto elefante, pueda romperse.
Pero llega esa otra persona, que te ayuda con tu telaraña. Te cuida, te mima, te da ánimos para dar un empujón más. Te hace poder seguir adelante. Pero a su vez esa persona también tiene su telaraña. Cuidadle, dadle amor. Quered como nunca.