¿Sabéis? Todos tenemos un superpoder de mierda. Ese supepoder que más que ayudar, jode tu existencia. Y ¿sabéis otra cosa? Mi superpoder de mierda es decir lo que no debo y malinterpretar lo demás. Como os podéis imaginar, acabo haciendo daño a mucha gente que no debería. Es decir, maldita sea, digo lo que no debo cuando no debo. Mi día va de culo y sin frenos, pues empezar a las cinco de la mañana no le gusta a nadie, pero menos si sabes que vas a ver a una persona que no te gusta en absoluto, y en mi caso es la gran figura de mi padre. Tras esperar tres horas sometida al frío y a la falta de luz, por fin puedo ir al instituto. Después de llegar con una mochila de cinco kilos colgando de mi muy dolorida espalda, tengo que soportar cuatro tortuosas horas luchando contra el sueño y las micronésimas de segundo en las que me puedo permitir dormir. Y si añadimos a todo este desastroso día que mi superpoder de mierda ha hecho acto de presencia... Directamente, destruidme. Hacedme añicos, o algo. Así, al menos, hecha polvo, podré dormir. Y olvidarme de todo un poco.
Todo esto viene para deciros que si tenéis alguien a vuestro lado que evita que os hundáis, protegedlo, con todas vuestras fuerzas, y sed recíprocos. No sabemos cuánto podemos aguantar, ni cuánto puede aguantar el otro, pero todos tenemos un límite. Algunos lloran, como yo, durante horas. Otros se encierran en una burbuja de la que no salen hasta que se aseguran que el veneno que puedan destilar por su boca esté bien guardado con la bilis. Otros supongo que pelearán, ya sea contra sí mismos o contra otros. No lo sé, pues no es mi caso. Pero lo que sí sé es que todos tenemos un límite. Imaginaos que una tela de araña pudiese soportar un elefante (qué telaraña más resistente). La misma telaraña, con el mamotreto enorme que supone el elefante va relativamente bien, pero imagina que añadimos dos. Uf, pero puede, la telaraña resiste. Y añadimos un tercero. Y un cuarto. ...
La telaraña se rompe, se deshilacha y acaba desperdigada, y los elefantes amontonados en el suelo. Todos tenemos nuestra telaraña. A algunos se les romperá cuando lleven puestos tres gatos y un saltamontes, a otros cuando pongas el peso de una hormiga en ella... Dicen que yo aguanto el peso de tres elefantes. Y temo que la mía, con un cuarto elefante, pueda romperse.
Pero llega esa otra persona, que te ayuda con tu telaraña. Te cuida, te mima, te da ánimos para dar un empujón más. Te hace poder seguir adelante. Pero a su vez esa persona también tiene su telaraña. Cuidadle, dadle amor. Quered como nunca.
jueves, 5 de noviembre de 2015
domingo, 1 de noviembre de 2015
Fantasmas.
Todo el mundo ha visto la película distrópica que abunda hoy en día en las carteleras donde la protagonista (porque suele ser una chica) se da cuenta de que le lavaron la cabeza, de que lo que vivió no era real, que la habían manipulado para que creyese algo que no es. La vemos apoyarse contra la pared, con los ojos abiertos y la mirada perdida, cayendo lágrimas por sus mejillas. Así me siento yo ahora mismo. He estado tras un velo de ignorancia, he luchado contra esa barrera en unas cuantas ocasiones, como un bebé que golpea sin ningún resultado una cortina. Nunca llega a rasgarla, mucho menos romperla. Luego los tirones empezaron a ser más y más frenéticos, llegando a tirar con uñas y dientes. Y acabas triste y sola llorando con sangre en las manos. Miras al frente, todavía con ese velo, aunque te das cuenta que el luchar contra él te aporta más armas, y hace que se vaya poniendo más claro, vas discerniendo figuras tras él.
El saber nos hace libres, como quien dice. Ahora toca afrontar el cómo, el dónde, el qué pasará luego. El temer hablarlo porque sabes la respuesta. Temer a la cabezonería, al castigo por insubordinación irreal. Temer a tus padres.
Sin embargo, te das cuenta que aunque tus manos sangren y tus ojos lloren, dentro de tu pecho hay una fuerza que te empuja hacia delante. El luchar nos hace más fuertes, nos hace querer avanzar, descubrir cosas nuevas, cambiar. Salir de lo conocido y disfrutar con lo desconocido, sentir lo que es estar lejos de casa, aprender a solucionar las cosas por ti mismo.
Sientes ganas de volar. Es como estar observando el cielo y no poder abrir tus alas y sentir el aire, saber que puedes caer, pero que puedes levantarte. Saber que puedes volar hasta donde quieras, frenarte cuando quieras, decidir dónde vas. Volar libre.
El saber nos hace libres, como quien dice. Ahora toca afrontar el cómo, el dónde, el qué pasará luego. El temer hablarlo porque sabes la respuesta. Temer a la cabezonería, al castigo por insubordinación irreal. Temer a tus padres.
Sin embargo, te das cuenta que aunque tus manos sangren y tus ojos lloren, dentro de tu pecho hay una fuerza que te empuja hacia delante. El luchar nos hace más fuertes, nos hace querer avanzar, descubrir cosas nuevas, cambiar. Salir de lo conocido y disfrutar con lo desconocido, sentir lo que es estar lejos de casa, aprender a solucionar las cosas por ti mismo.
Sientes ganas de volar. Es como estar observando el cielo y no poder abrir tus alas y sentir el aire, saber que puedes caer, pero que puedes levantarte. Saber que puedes volar hasta donde quieras, frenarte cuando quieras, decidir dónde vas. Volar libre.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Cambios, frustraciones y demás desastres.
Ser adolescente no es fácil. Siempre tan estereotipado todo, tan jodidamente frustrante. Se supone que estamos en esa etapa de la vida donde todo cambia y empezamos a conocernos, donde dependiendo de la forma de ser de nuestros padres desarrollamos rebeldía y donde buscamos una forma de huir. Sé perfectamente sin la necesidad de tener que conoceros que todos queremos huir. Poco a poco hemos creado un monstruo que ha acabado volviéndose en nuestra contra.
No quiero recurrir a la típica frase de "la sociedad es una mierda" porque... la hemos creado nosotros, todos nosotros. Nosotros somos los responsables de que oprima, oprima tanto que nos obligue a ir por un caminito estrecho unidireccional que nos conduzca hacia donde "se supone" que debemos ir.
Ha habido alguien que me ha abierto mis ojos azules, me ha sacado del embotamiento que supone vivir en una rutina-no rutina constante. Me ha enseñado otra forma de verlo. Os explico:
Siempre de pequeña me enseñaron que podía ser lo que quisiera, pero que tenía que ser la mejor en eso (de ahí mi prepotencia; me declino a pensar que soy la mejor en algo aunque sepa lo mínimo y se me dé fatal) y en mi cabeza había hecho un plano, chiquito pero muy lleno de comentarios, detalles, planes... Algunos no se han cumplido, otros espero que lo hagan. Pero tenía en mi cabeza irme a la universidad, estudiar durante cuatro años -que se dice rápido, pero no lo es- y luego recorrer el mundo hasta los 30 cuando tuviese que sentar cabeza y empezar a criar a mis hijos. Pero teniendo en cuenta que viviré más o menos según los pronósticos hasta los 80, ¿Por qué he de parar mi vida y dedicar 50 años a la crianza, a la domesticación de mi ser indomable y resumirme en algo que no quiero ser?
Es decir, en esta época de mi vida lo que menos quiero es tener que aceptar que me quedan 13 años de libertad para hacer lo que quiera. Definitivamente no estoy hecha para eso.
Pienso a menudo que pronto tendré veintitantos y el tiempo cada vez pasa más rápido. Ya las navidades se superponen, los problemas parecen menores y mis cumpleaños se suceden. Y no, no estoy pasando ninguna crisis ni me siento agobiada por el tiempo que me queda.
Lo que pretendo deciros es que depende de vosotros conseguir un cambio. Aunque la sociedad sea una mierda no tenéis porqué serlo también vosotros. Cambiad algo, salir de la monotonía. Todos los días se puede aprender algo, puedes amar a alguien como si te fuese la vida en ello y disfrutar. Vive.
No quiero recurrir a la típica frase de "la sociedad es una mierda" porque... la hemos creado nosotros, todos nosotros. Nosotros somos los responsables de que oprima, oprima tanto que nos obligue a ir por un caminito estrecho unidireccional que nos conduzca hacia donde "se supone" que debemos ir.
Ha habido alguien que me ha abierto mis ojos azules, me ha sacado del embotamiento que supone vivir en una rutina-no rutina constante. Me ha enseñado otra forma de verlo. Os explico:
Siempre de pequeña me enseñaron que podía ser lo que quisiera, pero que tenía que ser la mejor en eso (de ahí mi prepotencia; me declino a pensar que soy la mejor en algo aunque sepa lo mínimo y se me dé fatal) y en mi cabeza había hecho un plano, chiquito pero muy lleno de comentarios, detalles, planes... Algunos no se han cumplido, otros espero que lo hagan. Pero tenía en mi cabeza irme a la universidad, estudiar durante cuatro años -que se dice rápido, pero no lo es- y luego recorrer el mundo hasta los 30 cuando tuviese que sentar cabeza y empezar a criar a mis hijos. Pero teniendo en cuenta que viviré más o menos según los pronósticos hasta los 80, ¿Por qué he de parar mi vida y dedicar 50 años a la crianza, a la domesticación de mi ser indomable y resumirme en algo que no quiero ser?
Es decir, en esta época de mi vida lo que menos quiero es tener que aceptar que me quedan 13 años de libertad para hacer lo que quiera. Definitivamente no estoy hecha para eso.
Pienso a menudo que pronto tendré veintitantos y el tiempo cada vez pasa más rápido. Ya las navidades se superponen, los problemas parecen menores y mis cumpleaños se suceden. Y no, no estoy pasando ninguna crisis ni me siento agobiada por el tiempo que me queda.
Lo que pretendo deciros es que depende de vosotros conseguir un cambio. Aunque la sociedad sea una mierda no tenéis porqué serlo también vosotros. Cambiad algo, salir de la monotonía. Todos los días se puede aprender algo, puedes amar a alguien como si te fuese la vida en ello y disfrutar. Vive.
sábado, 22 de agosto de 2015
Cuando se acaba.
Siempre hay formas de acabar con alguien. Puede acabar bien, mal, de forma traumática. Pero siempre se acaba. De una forma u otra, y no me refiero sólo a las relaciones de pareja, acabas con tu mejor amigo, acabas con tu madre o con tu abuelo. Pasa aunque no quieras o queriendo, pero pasa.
En este caso el amor se acabó. Quizás es que nunca hubo. Los que han estado en mi parte de la situación saben lo que es matarse por tener la esperanza de que la llama de la vela se encienda y puedas decir libremente que estás enamorada. Pero intentar encender una vela que tiene la mecha mojada explica bien cómo ha sido esto. Lo bueno de estar en esta parte es que se sufre menos. Tienes (de nuevo, más esperanzas) de poder acabar como amigos y no verte forzada a intentar sentir algo de nuevo. Sin embargo, lo peor se lo lleva el que de verdad estuvo enamorado. El que te miraba y se conmocionaba, o que se moría por estar contigo. Conozco a un chico que estuvo en el otro lado. La chica pasaba de él pero... él ya estaba en la trampa. Y sufrió mucho.
Quiero pensar que soy diferente, que al menos lo intenté. Que aunque fuese una persona maravillosa no era para mí. Que existe otra chica que le dará el amor que yo no pude.
En esta edad es cuestión de probar. Te encuentras con un chico que te fascina y sólo puedes preguntarte ¿Y si...? cuando descartas la idea. Pero la semilla está ahí y empieza a crecer. Y acabas con un árbol atravesándote el pecho. Luego, cuando se acaba el amor, el árbol empieza a pudrirse dentro tuya hasta que desaparece y vuelves a ser tú. Es la mejor descripción del amor que he encontrado. Es lo que sé.
Pido perdón por todos los casos en los que el amor no ha sido correspondido. Si os dicen salir con alguien por probar, abrid los ojos como platos y salid huyendo. No miréis atrás. Es un camino que sólo acaba de una manera: mal.
En este caso el amor se acabó. Quizás es que nunca hubo. Los que han estado en mi parte de la situación saben lo que es matarse por tener la esperanza de que la llama de la vela se encienda y puedas decir libremente que estás enamorada. Pero intentar encender una vela que tiene la mecha mojada explica bien cómo ha sido esto. Lo bueno de estar en esta parte es que se sufre menos. Tienes (de nuevo, más esperanzas) de poder acabar como amigos y no verte forzada a intentar sentir algo de nuevo. Sin embargo, lo peor se lo lleva el que de verdad estuvo enamorado. El que te miraba y se conmocionaba, o que se moría por estar contigo. Conozco a un chico que estuvo en el otro lado. La chica pasaba de él pero... él ya estaba en la trampa. Y sufrió mucho.
Quiero pensar que soy diferente, que al menos lo intenté. Que aunque fuese una persona maravillosa no era para mí. Que existe otra chica que le dará el amor que yo no pude.
En esta edad es cuestión de probar. Te encuentras con un chico que te fascina y sólo puedes preguntarte ¿Y si...? cuando descartas la idea. Pero la semilla está ahí y empieza a crecer. Y acabas con un árbol atravesándote el pecho. Luego, cuando se acaba el amor, el árbol empieza a pudrirse dentro tuya hasta que desaparece y vuelves a ser tú. Es la mejor descripción del amor que he encontrado. Es lo que sé.
Pido perdón por todos los casos en los que el amor no ha sido correspondido. Si os dicen salir con alguien por probar, abrid los ojos como platos y salid huyendo. No miréis atrás. Es un camino que sólo acaba de una manera: mal.
jueves, 23 de abril de 2015
Give me love.
Tengo una pregunta que reflexionaré pero seguramente no resolveré. ¿Por qué no encuentro a ese chico que me colme de amor y al que yo pueda dar amor? ¿Es tan difícil?
Sólo pido a un chico que demuestre que me quiere, no a uno al que no le importo ni a uno que sólo pretende pillar al vuelo la mejor oportunidad. No quiero tener que seguir llorando. Quiero reír, besar, brillar, follar, lo que fuese.
¿Pero quiero amor en mi vida?
Eso ya es una pregunta distinta.
Lo extraño. Extraño el tener a alguien con el que puedas contar, que te abrace y te mime y te haga sentir especial. Ya, ya sé que no debería necesitar a nadie para sentirme especial, pero no por ello sobra en esta frase.
Veo besos en la tele, leo besos en los libros. ¿Serían los besos la solución a mi problema? Supongo que no, no me bastan los besos solos. Necesito ese amor, esa pequeña mezcla de lujuria y vergüenza que nos embarga cuando besamos a alguien que nos gusta. Cuando nos agarra de la cintura y sentimos escalofríos.
¿Lo peor? Que eso dura poco, nada.
Son los primeros días, los primeros meses, cuando todavía te vas a la cama sin recordar cómo son sus labios aunque los hayas visto mil veces. En esa etapa bonita y romanticona en la que el chico todavía muestra señas de ser atento contigo, y cuando las ideas de planes siguen aún sin haber sido descubiertas. Me parece muy triste que eso pase; ¿Dejamos de importarnos cuando pasa esa "etapa tonta"? Esa etapa tan maravillosamente estúpida. Por ahora, me han demostrado que sí.
Supongo que nos desenamoramos. Cuando salía con Gonzalo pedía todos los días que me volviese a enamorar, porque si no no hubiese podido avanzar. Aquellos días en los que no me hablaba por razones que sigo desconociendo se me hundía un poco más ese espacio que tenía yo reservado para la "felicidad amorosa". Sin embargo, en situaciones como esa, entra en juego el amor que tú llegues a sentir por esa persona. Es increíble lo que puedes llegar a hacer por unos pocos momentos felices. No es como en los libros, en los que llegas a tirarte por un precipicio por aquello que amas. Es distinto. Con el amor se puede seguir adelante, aunque creas que no. Te dices a ti misma: "un día más". Venga. Y así todos los días. Pero llega un momento en el que ni te enamora ni te queda repuesto para el amor que llevas dentro. Y así es como se acaba.
Sólo pido a un chico que demuestre que me quiere, no a uno al que no le importo ni a uno que sólo pretende pillar al vuelo la mejor oportunidad. No quiero tener que seguir llorando. Quiero reír, besar, brillar, follar, lo que fuese.
¿Pero quiero amor en mi vida?
Eso ya es una pregunta distinta.
Lo extraño. Extraño el tener a alguien con el que puedas contar, que te abrace y te mime y te haga sentir especial. Ya, ya sé que no debería necesitar a nadie para sentirme especial, pero no por ello sobra en esta frase.
Veo besos en la tele, leo besos en los libros. ¿Serían los besos la solución a mi problema? Supongo que no, no me bastan los besos solos. Necesito ese amor, esa pequeña mezcla de lujuria y vergüenza que nos embarga cuando besamos a alguien que nos gusta. Cuando nos agarra de la cintura y sentimos escalofríos.
¿Lo peor? Que eso dura poco, nada.
Son los primeros días, los primeros meses, cuando todavía te vas a la cama sin recordar cómo son sus labios aunque los hayas visto mil veces. En esa etapa bonita y romanticona en la que el chico todavía muestra señas de ser atento contigo, y cuando las ideas de planes siguen aún sin haber sido descubiertas. Me parece muy triste que eso pase; ¿Dejamos de importarnos cuando pasa esa "etapa tonta"? Esa etapa tan maravillosamente estúpida. Por ahora, me han demostrado que sí.
Supongo que nos desenamoramos. Cuando salía con Gonzalo pedía todos los días que me volviese a enamorar, porque si no no hubiese podido avanzar. Aquellos días en los que no me hablaba por razones que sigo desconociendo se me hundía un poco más ese espacio que tenía yo reservado para la "felicidad amorosa". Sin embargo, en situaciones como esa, entra en juego el amor que tú llegues a sentir por esa persona. Es increíble lo que puedes llegar a hacer por unos pocos momentos felices. No es como en los libros, en los que llegas a tirarte por un precipicio por aquello que amas. Es distinto. Con el amor se puede seguir adelante, aunque creas que no. Te dices a ti misma: "un día más". Venga. Y así todos los días. Pero llega un momento en el que ni te enamora ni te queda repuesto para el amor que llevas dentro. Y así es como se acaba.
sábado, 11 de abril de 2015
Movida por la indignación.
¿Os ha pasado alguna vez de salir con alguien, enamoraros de ese alguien, y dejarlo? Bien. Y ahora: ¿Y si volvéis a hablar con ese alguien? Los sentimientos resurgen, hasta ahí lo tenemos claro. ¿Y si esa persona no se dio ni cuenta de que fue tan importante para ti?
Las comparaciones aquí sirven de poco, a menos que quieras enervarte más de lo acostumbrado. Pero para aprovechar esta indignación que me recorre por dentro, os explico: dice que está destrozado. Ajá.
No pretendo que tengáis compasión de mí, pero no os voy a mentir. Él ha sido la persona que más me ha hecho llorar. Estos tres días anteriores he estado llorando porque hablaba con él. No me creo que esté destrozado. Todavía no.
Las comparaciones aquí sirven de poco, a menos que quieras enervarte más de lo acostumbrado. Pero para aprovechar esta indignación que me recorre por dentro, os explico: dice que está destrozado. Ajá.
No pretendo que tengáis compasión de mí, pero no os voy a mentir. Él ha sido la persona que más me ha hecho llorar. Estos tres días anteriores he estado llorando porque hablaba con él. No me creo que esté destrozado. Todavía no.
lunes, 6 de abril de 2015
Niñerías
¿Alguna vez recordáis cuando erais pequeños?
No sólo en los momentos importantes, como cuando fuiste a Disneyland o te rompiste un brazo jugando de portero. Esos pequeños momentos que no sabías que recordabas pero que están ahí.
Yo recuerdo cuando mi madre en invierno nos planchaba la ropa y corríamos a ponérnosla mi hermano y yo mientras todavía estaba calentita. Cuando por problemas de espacio mi hermano y yo dormíamos en el salón del pequeño piso que teníamos. Cuando salía a correr a la rotonda que teníamos enfrente y comía nísperos de un pequeño arbolito que sobrevivía Dios sabe cómo con ese clima tan húmedo que había.
Cuando, después de varias mudanzas, me enfadaba con mis amigas por superponer otras cosas a mí -aunque eso he ido superándolo con el paso de los años y muchos, muchísimos choques contra la pared-. Cuando tenía una piscina que de verdad era una piscina, con agua y todo, y que pasé un verano entero sin ducharme.
Cuando un día me enfadé con mi hermano por pasear al perro y cogí un vaso de agua y se lo eché en la cara.
Los muchos perros que he tenido, los gatos -que van en aumento- y el único conejo que tuve.
Las peleas con mi padre delante de mi casa. Esa es una cosa que he de agradecer a mi madre, pues si hubiese sido por mí, ahora lo odiaría con toda mi alma.
El día que nos recogieron del colegio para irnos a Granada, a una zona dejada de la mano de la naturaleza donde había un cortijo en ruinas con muchas ovejas. Cuando nos nevó encima, y yo iba en tirantes.
Cuando tenía 12 años y vi por primera vez lo gordita que estaba, y aunque la televisión tenga muchos males, sólo un programa me ayudó a motivarme.
Y no, nunca fui a Disneyland. Pero lo prefiero, porque mi infancia fue única.
domingo, 5 de abril de 2015
¿Y si yo me enamoro del cielo?
La gente suele pensar que el enamorarse incluye amor. Que tiene que ser enamorarse de alguien, o de algo, y querer verlo siempre que puedas para que en tus labios se dibuje una sonrisa. Que los amores incomprensibles no existen, ni tampoco los locos.
Que no puedo enamorarme del azul del cielo, o de tus pecas.
Pero todos estamos ciegos. Cuando nos preguntan por el amor pensamos en una chica con un vestido de tul que sonríe a un chico encantador de ojos azules mientras se cogen de la mano en el porche de su casa. No pensamos en que hay gente que seduce sin quererlo, y que también nos pueden enamorar con un "buenos días". Yo soy capaz de enamorarme de una sonrisa, o de tus ojos, o de tus manos, y quedarme maravillada. ¿Y qué, si quiero dibujar tu boca y comérmela a besos? ¿Tengo que llamar a eso amor?
Que no puedo enamorarme del azul del cielo, o de tus pecas.
Pero todos estamos ciegos. Cuando nos preguntan por el amor pensamos en una chica con un vestido de tul que sonríe a un chico encantador de ojos azules mientras se cogen de la mano en el porche de su casa. No pensamos en que hay gente que seduce sin quererlo, y que también nos pueden enamorar con un "buenos días". Yo soy capaz de enamorarme de una sonrisa, o de tus ojos, o de tus manos, y quedarme maravillada. ¿Y qué, si quiero dibujar tu boca y comérmela a besos? ¿Tengo que llamar a eso amor?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)